Siendo publicista tengo cierta tendencia a fijarme en cosas que otra gente pasa por alto. Me llama mucho la atención todo tipo de mensajes publicitarios y suelo recordar con enorme facilidad logotipos, anuncios, jingles e incluso eslogans de hace más de dos décadas- Precisamente, durante los años 80, cuando la tecnología japonesa comenzaba a exportarse de forma masiva por nuestra península, recuerdo un eslogan de la marca de coches Nissan que simplemente decía: "Los Japoneses". Con esas dos palabras, todo el mundo asociaba la marca Nissan con tecnología punta, meticulosidad, esfuerzo y trabajo del pueblo nipón. Desde el punto de vista de un publicitario vocacional (yo) , este eslogan es uno de los mejores de la historia de la publicidad, a pesar de su simpleza.
En Japón no pude dejar de pensar en ese eslogan durante mi estancia por lo realmente certero que es. Hay tecnología punta hasta en los cuartos de baño! Los japoneses no se complican la vida. Utilizan la tecnología para mejorar su calidad de vida. No da la impresión de ser un pueblo que presuma de los mejores avances tecnológicos por el simple hecho de recibir una palmadita en la espalda, sino que realmente, todo lo que desarrollan o mejoran, tienen una funcionalidad concreta para mejorar las vidas de sus habitantes. No crean nada que luego no pueda utilizar el ciudadano de a pie.
La gente sigue un protocolo de conducta muy definido. Los japoneses son enormemente agradecidos, respetuosos y muy, muy muy sistemáticos. Dicen, hacen y piensan de una forma muy afín. Parece como si de pequeños les hubieran introducido un chip en el cerebro para que todos entiendan y acepten el mismo código moral y de conducta. Me resultó sorprendente como reaccionan exactamente igual ante estímulos muy parecidos. Hablo de gestos, aspavientos, expresiones... son idénticos en todos y cada uno de ellos. En conversaciones que mantenía con ellos, al expresar mis sensaciones sobre Japón, todos y cada uno de mis contertulios, se llevaban la mano al corazón, seguido de una reverencia y un muy pausado "Thank you". Cuando me detenía en la calle y buscaba una víctima a la que preguntar donde diablos me encontraba, siempre la primera reacción era de incredulidad y asombro. Posteriormente, cuando le daba los buenos días en japonés, sus rostros se llenaban de luz. Era como si realmente agradecieran el respeto que yo les estaba proyectando al dirigirme a ellos en su idioma. Obviamente, después del saludo inicial, entendían que mi manejo de idioma local era cuanto menos limitado y que si queriamos continuar entendiéndonos, habia que hacer uso de inglés y/o del maravilloso mundo de los gestos y señales. Después de los prolegómenos, siempre hacían lo que estuviera en sus manos para responder a mi pregunta (en inglés) y si por lo que fuera, no se veían capaces de hacerlo, soltaban un socorrido "Sorry", siempre acompañado de un millar de reverencias. Me encanta.
Tienen una forma de entender la vida muy sencilla, pero realmente eficaz. Nunca JAMÁS se salen de ese protocolo de conductas o de leyes subliminales. Observándoles, realmente parecen felices, viviendo una vida plena. Para que te hagas una idea, parece como si supieran que tienen que desempeñar un guión en sus vidas y no se salen de él en ningún momento. Todo el mundo respeta a todo el mundo. No hay altercados, broncas, discusiones, peleas, malos rollos, timos....nada. Ya me gustaría a mi que en Europa y sobre todo, mi querida España, tuvieramos algo de sangre japonesa. Seguro que nos tomaríamos las cosas con mucha más calma, con mucho más respeto.
En definitiva es un pueblo fantástico. Con una cultura maravillosa, un pasado fascinante, un presente difícil pero optimista y un futuro próspero. Viva Japón.
Durante mi estancia, estuve en la cudad de Kyoto (antigua capital imperial) e Hiroshima. A continuación, trataré de hacer un breve resumen de mis días en el país del Sol Naciente.
Kyoto.
Convertí Kyoto en mi centro de operaciones. Cuando reservamos este largo viaje, tuve que tomar una decisión con respecto a Tokyo. La proximidad de la actual capital a la central nuclear de Fukushima provocó que nos saltasemos Tokyo a pesar de las ganas enormes que tenía de ver la gran capital. No obstante, Kyoto fue una digna alternativa que disfruté enormemente.
Kyoto es la antigua capital imperial. Multitud de templos y Shrines se han convertido en grandes reclamos turísticos. Yo me los pateé todos en dos días. Algunos de esos templos son bonitos, otros te dan la sensación que son praticamente iguales. Al segundo día, visto un templo, vistos todos. A mi lo que me gustaba era moverme entre templo y templo. Disfrutaba más el viaje (a pie por supuesto) que la visita al templo en si. Lo que me llena a mi es caminar, observar el día a día de las personas, ver a la gente en la calle, ver como se mueven, qué hacen, qué dicen, qué comen....y eso solo se consigue si eres observador y sobre todo, si te mueves a pie.
Kyoto los fines de semana cobra otra vida. De noche, cerca de Gion Corner, las calles comienzan a llenarse de los locales que llenan los restaurantes a partir de las 8 pm. Con un poco de suerte puedes ver las alguna Geisha caminando probablemente a reunirse con un hombre acaudalado y poderoso. El tráfico en la carretera no es de lo peor que he visto. Probablemente esto sea debido al uso - muy extendido - de las bicicletas y del transporte público. Asi mismo, la conciencia ecológica de los japoneses está años luz de la nuestra y respetan enormemente el medio ambiente ya sea a través de transporte electrico (muchos Prius) público y privado, como sistemas de reciclaje y en general, una preocupación y civismo del ciudadano de a pie que aquí, desgraciadamente, no tenemos.
En Kyoto todo gira en torno a intercambiador/estación de tren. Es el corazón de la ciudad. No he visto una estación más grande en mi vida. Muy cerquita está el centro neurálgico, con sus centros comerciales, tiendas y restaurantes. Yo, como no, me limitaba a andar o ir en bicicleta a todos los sitios. Las distancias son bastante grandes (los mapas sin escalas detalladas, engañan) y pude dar fe el tercer día que anduve más de 20 kilometros llegando al hotel con la lengua fuera y chorreando sudor.
La sensación que me dejó la ciudad fue positiva. Me sobró un día de los 7 que estuve allí. Me hubiera gustado hacer una excursión al monte Fuji, pero la proximidad a la estación de Fukushima, me hizo pensar las cosas dos veces. No obstante, pude ir a Fukushima, ciudad con una importancia historica brutal y que tenía muchas ganas de ver.
Hiroshima.
La excursión duró un día entero. Cogí el tren bala por la mañana desde Kyoto. En menos de dos horas, me planté en Hiroshima. Una vez en la ciudad, me subí a otro tren que me llevó al sur de la ciudad. Desde allí, cogí un Ferry que me llevó a la isla de Miyajima. El islote me pareció precioso. Estuve andando durante dos horas por las pequeñas calles y colinas. Comí en un restaurante muy típico donde una familia local, al ver mis dificultades para saber como comer los deliciosos manjares que tenía delante de mi, me instruyó de forma que pude disfrutar de la comida, como un japonés más. Después de las fotos de algun Shrine y templo, decidí volver a tierra firme y dar un recorrido por Hiroshima.
En Hiroshima, mi primera parada fue el "a-bomb dome". Este edificio fue construido en 1915 y cuando la bomba atomica exploto en 1945, dañó la fachada y cúpulas de emplazamiento, acabando con las vidas de todos los que en ese momento, se encontraban dentro. Con el paso del tiempo, se ha convertido en una pieza muy singular para el recuerdo del sufrimiento de la ciudad ante la masacre de la bomba atomica. Acto seguido, fui a la zona del World Peace Memorial, lugar que rinde homenaje a las víctimas de la bomba atómica. En la media hora que estuve alli, sentí gran tristeza por el dolor y sufrimiento de tanta gente que perdió sus vidas en ese horrible día y no pude evitar que alguna lágrima se me escapara. A pesar de haber transcurrido 65 años, el dolor y el sufrimiento están muy presentes todavía aunque bien es cierto, que la ciudad parece tener un buen ritmo de vida.
Con esto terminó mi aventura en Japón. Tengo algunas recomendaciones que a continuación paso a enumerar por si algún dia, te gustaría visitar este magnifico país.
Decálogo de lo que NO deberias hacer en Japón.
1.- No se te ocurra coger un taxi. La bajada de bandera está en casi 6 euros y cualquier trayecto no te sale por menos de 20. No voy a publicar lo que me costó el taxi desde el aeropuerto de Osaka a Kyoto porque te reirías de mi. Si te diré que algunos de los billetes de avión que he comprado para este viaje, han sido más baratos que ese trayecto en taxi!
2.- No se te ocurra ir al cine! Fui a una matinee y la entrada me costó la escalofriante cifra de 18 euros!!!! y eso que la pelicula no era en 3D!
3.- No se te ocurra coger una bicicleta y darte una vuelta por la ciudad cuando el termómetro marca 42 grados a la sombra si no quieres quemarte vivo y acabar debajo de un puente con una insolación de tres pares de narices!
4.- No trates de plantearle una alternativa a un japonés si no quieres provocar un cortocircuito en su cerebro. En alguna ocasión en que me atreví a plantear un plan b o una segunda opción, la reaccion que vi fue así: primero les empieza a salir humo de la cabeza, los ojos se les nublan y escuchas nitidamente un voz de un robot diciendo "emergencia, emergencia, daño irreparable, mal funcionamiento del sistema.." acto seguido, caen al suelo convulsionados hasta que les estalla la cabeza.
5.- Nunca, nunca le pidas a un japonés que te haga un mojito si no quieres tener jaqueca durante tres días!!!
Bueno yo creo que era necesario acabar esta entrada con cierto sentido del humor. Como sabes, he tenido que volver a España y dar por terminado este viaje increible. No habrá una entrada de Australia, pero si que pienso escribir un ultimo comentario sobre esta maginifica aventura la semana que viene. Una vez haya asimilado TODO lo que me ha pasado durante estos ultimos meses.
Una vez más, gracias por leer.
Slds
Antonio Moreno Lewis